Inició la Reforma Protestante. Su principal aportación fue descubrir que la salvación es por gracia -un regalo de Dios- y, desde entonces, el protestantismo está en los cinco continentes.

Durante años, Martin Lutero pensaba que la religión oficial era la que le mantenía cerca de Dios y le llevaría al cielo. Pero, poco a poco, fue dándose cuenta que muchas prácticas de la religión dominante del momento no eran acordes con la Palabra de Dios que decían seguir: La Biblia. Por ello, decidió ir hasta las últimas consecuencias para presentar la Verdad que había descubierto en la Biblia. Cuando le hicieron retractarse de sus nuevas convicciones declaró que su conciencia estaba por encima de cualquier institución humana. ¡Qué valentía! Lutero se enfrentó al mismísimo Papa León X. Hasta los reyes de Europa rendían pleitesía a su santidad León X. Pero Lutero prefería agradar a Dios y ser fiel a su conciencia. Si Lutero estaba tan seguro de lo que creía hasta el punto de estar dispuesto a perder la vida, ¿Qué Verdad era la que había encontrado? La misma que los apóstoles de Jesús defendieron y por la que dieron la vida. Que Jesús vino para salvar a los pecadores. Que no podemos hacer ningún mérito para salvarnos; sólo confiar en que Jesús pagó nuestro pecado en la cruz. Que resucitó al tercer día y que ahora vive por los siglos de los siglos. Esa es la verdad por la que muchos se exponen a burlas en el mejor de los casos y torturas en peor de ellos. Esa es la verdad que cambia vidas y los cristianos como Pedro, Juan, Pablo, Martin Lutero y el que te escribe no podemos ni queremos callar. La verdad es que Jesús es La Verdad.