¡Me encanta la primavera y el verano! El otoño es bonito; hay una gran variedad de colores y no hace mucho frío. Pero el invierno ya es otra historia; frío, niebla, humedad, oscuridad…

En ocasiones, podemos comparar nuestra vida cristiana con las estaciones del año. Hay veces que pasamos por nuestra “primavera”, donde estamos alegres, gozosos y nos sentimos renovados. Otras veces, pasamos por nuestro “invierno”, donde vemos todo oscuro, nuestra relación con el Señor se enfría y nos desanimamos. En la Biblia, Elías pasó de estar en su “primavera” a estar en su “invierno”, desanimado y desesperado. “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.” (1 Reyes 19:4)

Elías era un profeta del Señor, uno de los más destacados en Israel y lideró la lucha contra la idolatría del dios Baal, ya que el rey Acab y la reina Jezabel trataban de imponer al pueblo la adoración a otros dioses y no al Dios verdadero. Entonces, Elías, convocó al pueblo de Israel en el monte Carmelo (1 Reyes 18:20), donde demostró que Baal no era más que un ídolo y que el verdadero Dios -nuestro Señor- es el que tenía el poder y era el único que merecía la adoración.

¿Qué hizo Elías para demostrar al pueblo de Israel y a los profetas de Baal el poder del Dios verdadero?

“Que se nos den dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.” (1 Reyes 18:23-24). Los siguientes versículos, del 26 al 29, nos cuentan como los profetas de Baal invocaban su nombre, diciendo: “¡Baal respóndenos!”, pero no había respuesta. Seguían clamando a voces, pero de nada servía. Así que Elías llamó la atención del pueblo, preparó el altar para el sacrificio y clamó al Señor: “Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (1 Reyes 18:37-39)

Después de eso, vemos en el versículo 40 como Elías ordenó arrestar a los profetas de Baal, se los llevó al arroyo de Cisón y allí los degolló.

Elías salió victorioso gracias al Señor, él enseñó el poder del Dios al pueblo, y el pueblo se dio cuenta de quién era el verdadero Dios al que debían adorar. Sin embargo, la felicidad le duró poco porque, cuando Jezabel se enteró de lo ocurrido con los profetas de Baal, le envió un mensajero a Elías para decirle que lo mataría. (1 Reyes 19:2). Elías, sin saber lo que iba a ocurrir con su vida, se asustó, huyó y se desesperó hasta tal punto que le vemos pidiéndole al Señor que le quite la vida.

¿Cuántas veces nosotros nos desesperamos y nos desanimamos como Elías? Quizá no hasta el punto de pedirle al Señor que nos quite la vida; pero hay momentos en los que nos agobiamos por un futuro que no podemos controlar; y hay veces que nos preocupamos en lugar de ponernos a orar. Hay una frase que estoy viendo mucho por las redes sociales últimamente: “Pray more, worry less” (ora más, preocúpate menos). Debemos de aprender a orar más, a poner nuestras preocupaciones y angustias delante de Dios y Él promete cuidarnos y guiarnos en todo nuestro camino. Él fue fiel mientras Elías estaba deprimido y desanimado, le proveyó de alimento mientras permanecía escondido y no le abandonó en ningún momento. Dios no te abandona en medio de tu “invierno”, tormenta, tentación o prueba. Él está contigo.

¡Anímate y anima a otros!

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